Todo el mundo ha oído acerca del Pie de Atleta. Entonces, ¿por qué se sabe tan poco al respecto? A continuación hay algunas ideas erróneas que hemos escuchado con frecuencia.
No. Puede afectar a cualquiera. Aunque los deportistas constituyen uno de los grupos de más alto riesgo porque sus pies pasan tanto tiempo en tenis y botas calientes y sudorosos.
Tampoco es cierto, porque los tenis crean condiciones idóneas para que se desarrolle el Pie de Atleta.
Aunque “tinea pedis” es únicamente una afección del pie, el hongo puede desarrollarse en otras partes del cuerpo, como la ingle o las palmas de las manos.
Si bien es cierto que las personas que no se lavan y secan los pies regularmente son vulnerables al Pie de Atleta, también es cierto que quienes se lavan los pies excesivamente pueden exponerse a él. Frotarlos de manera vigorosa puede dañar la piel permitiendo la entrada del hongo.
¡No es cierto! Los tacones altos y los zapatos apretados aumentan la posibilidad de desarrollar esta afección.
Si se deja sin tratamiento, el Pie de Atleta puede diseminarse provocando agrietamiento de áreas grandes de la piel y exponiendo a los pies a otras infecciones más graves, que tarde o temprano pueden provocar discapacidad.
Aunque usted sólo tenga síntomas en uno de los pies, es muy probable que el otro también esté infectado. Trate ambos con Lamisil® 1, de una sola aplicación.
El Pie de Atleta es altamente contagioso. Si usted lo padece, no debe caminar sin zapatos ni compartir toallas y comience a tratarlo.
Si el tratamiento que usted está empleando especifica un curso dado (siete días con Lamisil, hasta cuatro semanas con tratamientos “fungistáticos”), asegúrese de completar el curso indicado. De lo contrario, los síntomas regresarán. Sin embargo, basta aplicar Lamisil® 1, de una sola aplicación una sola vez.
Usted sólo está aliviando sus síntomas temporalmente en vez de tratar la infección. Para mejores resultados, use un antifungal.
